El achatamieno de la pirámide militar zapatista

Raul Zibechi

Ahora les voy a platicar lo que he visto en los últimos 12-13 años. Fue en el 2013 que se hizo público que el mando y la vocería pasaban al subcomandante insurgente Moisés. Pero fue el 21 de diciembre del 2012, el día del fin del mundo, cuando se concretó. Lo que el sub marcos le dijo al sub Moisé, fue, entre muchas otras: de las cosas que tienes que hacer, primero es buscar a tu relevo. En la pirámide de un ejército, de arriba o de abajo, el uso y costumbre es que el mando elige al segundo al mando y ese es el que sigue si el primero al mando falta.

Lo que hizo el sub Moisés fue no elegir un segundo sino mochar la pirámide del EZLN. Es lo que yo he visto. No buscó un relevo sino muchos. Entonces empezó a ampliar la consulta, la discusión, empezó primero involucrando más al Comité Clandestino Revolucionario Indígena, o sea los comandantes. Las discusiones de cada paso que se daban se consultaban a los pueblos, luego invitó a otros y luego a otros. Y ahora las reuniones que se llaman interzonas son una pesadilla, son más de los que están aquí”.

Capitán Marcos

Estas fueron algunas de las palabras del capitán Marcos, pronunciadas en el semillero “De pirámides, de historias, de amores y, claro, desamores” en el Cideci, entre el 26 y el 30 de diciembre. Algunos quedamos perplejos, sobre todo si nos atenemos a la historia de los movimientos revolucionarios en el mundo, para los cuales la pirámide era una cuestión de principios.

¿Cómo es posible que el zapatismo haya mochado nada menos que la pirámide militar, algo sagrado en cualquier teoría y práctica de la guerra y de la revolución?

Lo primero es constatar que el zapatismo no se apega a las teorías y las prácticas previas. ¿Pero cómo podría ser de otro modo, si una de sus señas de identidad es la rebeldía? Ser rebelde con el capitalismo y los gobiernos pero no serlo en casa sería una tremenda contradicción. Ser rebelde implica no someterse a las tradiciones, incluso a las revolucionarias.

Lenin fue completamente heterodoxo respecto a Marx, quien aseguraba que la revolución se iba a producir primero en los países capitalistas más desarrollados, como Alemania, porque allí habían madurado las “condiciones objetivas” para el socialismo. Por el contrario, Lenin no dudó en que la Rusia zarista era el eslabón más débil del sistema, y confió en los obreros y (parcialmente) en los campesinos como fuerzas capaces de impulsar la revolución.

Mao fue heterodoxo respecto a Lenin y a los bolcheviques, quienes le apostaron a la insurrección de los obreros urbanos de las grandes fábricas, como había sucedido en Moscú y en San Petersburgo. La III Internacional promovía en China la lucha revolucionaria de los obreros, aunque todos los intentos fracasaron, lo que llevó a Mao a confiar en el campesinado (el 80% de la población) como fuerza motriz de la revolución. Para Marx y para Lenin el campesinado representaba el atraso, mientras los obreros eran la modernidad y encarnaban la posibilidad del socialismo.

La heterodoxia, lo opuesto a la ortodoxia, es una condición necesaria, toda vez que las realidades de cada parte del mundo enseñan rasgos y modos diferentes entre sí. Por eso no se puede repetir lo sucedido en otras latitudes, y es siempre necesario crear modos nuevos. La creación es una precondición para poder cambiar el mundo, mientras la repetición es casi una receta para el fracaso.

En América Latina la copia de lo sucedido en otras latitudes siempre ha dado malos resultados. Un siglo atrás los comunistas sostenían que había que luchar contra el “feudalismo” latinoamericano, por lo que impulsaron una revolución democrática en alianza con sectores de la burguesía. Pero en este continente nunca hubo feudalismo, como sí lo hubo en Europa, y este fue uno de los debates de la nueva izquierda revolucionaria con la corriente comunista en las décadas de 1960 y 1970.

Del mismo modo, la guerra popular y prolongada formulada por Mao, no es necesariamente aplicable a todos y cada uno de nuestros países, como si fuera una suerte de religión. En países con poca población rural, sin tradiciones de revueltas ni de guerras campesinas, la guerra popular no tiene el menor sentido. Intentar la guerra popular y prolongada donde no hay condiciones para ella, ha provocado no sólo fracasos sino represiones que pagaron los pueblos.

Lo segundo, es que toda estructura militar tiene un mando unido, permanente, estable, reducido en muchos casos a una persona: el comandante en jefe. En este punto, las revoluciones han copiado la lógica de los ejércitos tradicionales, que funcionan siempre como una pirámide. Quien está en la punta de la pirámide, da las órdenes sin consultar y a menudo se cometen errores que provocan horrores. En muchos casos se explica este comportamiento por razones de seguridad, la que se antepone a la participación de muchas personas en la toma de decisiones.

El zapatismo desde hace mucho viene consultando con las bases de apoyo las decisiones que se toman. Pero esto es otra cosa, mucho más profunda.

Lo tercero y central son los caminos que está recorriendo el EZLN. El capitán Marcos dijo: “Más y más participan hasta que llegará el momento en que será parejo”. Se refería a la participación de muchas personas en la toma de decisiones militares.

Mi interpretación personal, y claro que puedo estar equivocado, es que estamos ante algo completamente nuevo en el mundo de la lucha anti capitalista. Achatar la pirámide militar implica que las decisiones ya no están en manos de “especialistas”, sino cada vez más de los pueblos. ¿No es acaso una profunda revolución y un camino por el que nunca se ha transitado?

Si, como dijo el sub Moisés en Oventik, el 31 de diciembre, los zapatistas “somos luz y espejo”, nos toca mirarnos y decidir qué vamos a hacer, además de respetarlos y admirarlos.

Publicado el 12 enero, 2026 en Sin categoría. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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